Blog por Oscar Parra
casting

Cinco pasos a seguir para presentar tu material a un casting.

Esta postal está dedicada a varios de mis queridos amigos y actores que, en alguna ocasión y charlando del asunto de los malditos casting, me han sugerido la idea de escribir. Pues nada, a ello vamos.
La premisa fundamental a la hora de enviar material para un casting es que TODOS los que están a un lado y a otro del asunto se mueven bajo una Ley Universal: la del mínimo esfuerzo.
Es decir, que ante una avalancha de correos electrónicos el encargado, sea quién sea, tratará de buscar razones objetivas para eliminarse unos cuántos.
Aquí podemos intercarlar frases tipo “hay gente profesional”, “es una vergüenza” y demás, pero la realidad es la que es, o he tenido la mala fortuna de toparme durante más de 20 años justamente con todos los que lo hacen así.

 

  1. Si la convocatoria es clara y tu perfil no encaja, NO lo envíes.
    Necesitan actriz negra de 1.90, complexión musculosa y tú resulta que eres kizi, o lo que es mejor, ¡eres un tío!. Hazme caso, NO LO ENVÍES. Porque cuando la persona llegue a tu correo, posiblemente después de ver a muchas candidatas, no creas que pensará, ¡Oh, me lo guardo para cuando necesite a un actor!, más bien gruñirá, se acordará de algún familiar tuyo de primer grado y te enviará al foso insondable del spam y ahí yacerás junto a correos de alargamiento de cabello, remedios mágicos para la calvicie y demás. Si no encajas, no lo envíes.
  2. No mientas en tu curriculum, y si lo haces, procura que sea poco.
    Os contaré un secreto; casi nadie se lee los curriculums hasta que le encajas físicamente. Esto es un hecho incontestable. Así pues, ¡no trates de impresionar si no es cierto! Después de todo, si alguien termina leyéndolo es porque, a priori, tu físico ya encaja, no te autodescartes poniendo que has trabajado con Woody Allen si no es verdad (os juro que conocí a un mermado que se decía dire de foto que vino contando que había trabajado con Allen, ¿sería con Anna Allen? y no, por supuesto no era cierto.
  3. Las fotos, ese descartador automático.
    No hace falta que sean de Annie Leibovitz, pero hombre, he visto fotos de grupo en alguna playa mediterránea con una flecha diciendo “este soy yo”, que dan ganas de contestar: Gracias por tu material, ¿me pasas el teléfono del chico de tu derecha?. Basta con que sean sencillas y profesionales. O sea, que se te vea bien la cara y el cuerpo. Las fotos artísticas en las que puedes ser tú o puedo ser yo, no funcionan como algunos mitos de los metodos anticonceptivos. Quieren ver tu cara, no el arte del fotógrafo. Las fotos, además, contestan a una pregunta que está en la mente de todo el que se dedica a esto: Si tú no te tomas en serio tu profesión, y es obvio que las fotos con los colegas no parecen el mejor vehículo, ¿por qué te tengo que hacerlo yo? En cuanto a las fotos en traje de baño; a no ser que sea muy claro el asunto por el personaje y demás, no.
  4. ¿Y cuántas envío?
    He aquí otra práctica a tener en cuenta. El número mágico anda entre 3 y 4. No  más. En ocasiones han llegado correos con decenas de fotos, ¡recordad la ley del mínimo esfuerzo! ¿Me voy a ver las 38 fotos de este sujeto? No, si eso ya luego…
  5. ¿Y cómo envío el material?
    Adjunta al correo tu curriculum en formato texto (con tu contacto, que he visto cosas de traca en este sentido) más las tres o cuatro fotos y el enlace a tu videobook.
    Y ya.

    Una serie de elementos extraordinarios para descartarte tú mismo son los siguientes.
    1. Enviar todo en un ZIP.
    ¡Error! ¡No! Estás obligando al seleccionador a descargar, descomprimir y ver. Eso son tres clicks de ratón, de acuerdo, pero el correo justo anterior al tuyo venía con sus tres fotitos en el mismo mail, ¡y eso le convierte en alguien de quien enamorarse! Las fotos, en el correo, que se abra y te vean.
    2. Enviar el curriculum en Word, PDF, etc..
    Este es un error discutible, pero creedlo, volviendo a la dichosa ley, si viene en PDF ya hay que dar doble click, abrirlo con el Adobe Reader u otro primo suyo y demás. En Word la cosa se complica, ¿y si no tiene Word en ese ordenador? ¿Y si teniendo Word no es tu versión? ¿La solución? Copias y pegas tu CV en el mismo correo y ya.
    3.Enviar un enlace a tu web o Facebook.
    Se entiende, la web mola y ahí tienes todo, tu formación, tu CV, tus fotos, tu videobook, ¡todo al alcance de quién quiera….! Y tenga tiempo.
    No.
    Si encajas, si le interesas, ya te pedirá más material, o pondrá tu nombre en Google o lo que sea, pero en este primer paso no.

Posiblemente algunas de estas cosas te parezcan una severa putada, es probable que lo sea, pero el mundo ideal en el que los seleccionadores de material se ven todas las webs, abren todos los Zips y se descargan todas las versiones de Word, sencillamente no existe. Es injusto, lo sé, pero ¿quién dijo que el mundo lo fuera?

Acabo esta postal con un cariñoso saludo a todos los actores que me leáis, yo amo a los artistas, por eso he decidido contaros estos detalles, porque durante mis años de carrera he encontrado talento extraordinario, a veces, escondido tras, precisamente, un ZIP.
Un abrazo, se os quiere.

comedia

Vuelvo a la comedia.

La idea me venía rondando hacía tiempo. Cada vez que me sentaba a ver un clásico del maestro Berlanga sentía una voz interior que me impulsaba, casi sin remedio, a escribir una comedia. Y ahora, con mi película LA ESPINA DE DIOS aún en los cines (después de tres semanas, que eso sí que es un milagro), ayudado e impulsado por la infatigable, amorosa y maravillosa Gema G. Regal, me he puesto manos a la obra.

En este empeño tengo como compañero, además de a mi citada Gema, al querido amigo Mario Bravo, creador nato y maestro del humor más corrosivo que he conocido jamás. Y así las cosas, a base de apuntes, chocolates con churros, sobremesas y anotaciones entre carcajadas en un viejo Moleskine, está tomando forma mi próxima película.

De momento sé que será una comedia con tinte rural. Me apetece mucho. Conozco bien la idiosincrasia del pueblo y creo que es el momento. Estamos en pleno siglo XXI, la era del ridículo postureo, de las fotos fingiendo felicidad, de las vidas digitales enfrentadas a las existencias reales y míseras de muchos de esos rostros seudosonrientes que inundan nuestros ordenadores y teléfonos de última generación. Junto a esta cultura de la fachada 2.0 tenemos el lento devenir de nuestros pueblos, de las gentes que van andando al trabajo, que disfrutan de las tradiciones y que conocen al vecino (y todas y cada una de sus circunstancias), desde siempre, incluso desde antes de nacer porque, ya se sabe, ese es fulano de tal, de la familia de los menganos que, menudos son…

De este modo, ¿qué ocurriría si una peculiar familia de ciudad se viese obligada, vía desahucio, a regresar a sus rurales orígenes en plena Castilla la Mancha?

Santiago, Damián, Antoñito, Pólar y Rosendo lo van a vivir muy pronto.

¿Les acompañas…?