Ando estos días con una de las partes más creativas de la película, la coreografía de las diversas secuencias.
Es el momento en el que, los personajes impresos en papel, comienzan a desentumecerse, a cobrar vida a la espera ya de que, los actores, les insuflen el hálito definitivo y se hagan reales.
Días de dirección artística, de Clicks de Playmobil, de pensar en lentes, de buscar el modo de hacer que parezca sencillo y natural lo que, en realidad, no lo es.
A ello contribuye el haberme empapado un poquito de Galicia, gozar de aquella tierra mágica en compañía de mi ayudante, el maravilloso Joseba Salegi, la directora de arte, Marta Fenollar, el director de producción, Mikel Nieto, secundado por su ayudante, Xavi, naturalmente todos guiados de la mano de Mario Vilaseco, productor ejecutivo del largometraje y Alejandro G. Terán, otro de los productores ejecutivos, por la parte de Santander, ha sido una experiencia inolvidable, he pasado horas increibles, miles de anhelos se hacían realidad y aún lo que no alcancé a soñar, me fue ofrecido.
Gentes de bien estos gallegos, como mi querido chantadino, Kiko, hombre para todo y confidente de este humilde director.
Galicia es el Paraíso.
Visité las localizaciones, un pazo fastuoso que tiene todas las facilidades para rodar esta comedia, me impregné del sabor gallego, recorrí la plazuela de Buciños, dónde está previsto rodar exteriores y ahora, en mi dormitorio, aquí en Madrid, me recorre una cierta tristeza, ¿será la conocida morriña de los gallegos?
Las cosas comienzan a ajustarse, la película ya está casi hecha, ahora solo falta rodarla. Me voy a la cama, hoy, sin lugar a dudas, soñaré en 35 mm.

Iglesia de Buciños